Por Ruy Martínez Allende
Dice el cartel: "Si no te ponés el casco te sacamos la moto". Se supone que es para la protección del motociclista.
Y a los gordos, para protegerlos de la comida, ¿les sacamos la heladera?
Y a los que no se cuidan del amor, ¿qué les sacamos? ¿Cuál es el límite de la protección que el estado nos obligará a recibir?
¿Nos prohibirán los Cds, los MP3 porque exaltan el espíritu, cual opio o hierbas fumaderas? ¿Nos protegerán de la ópera? ¿Los baños de sol? ¿Los amores no correspondidos? ¿Nos protegerán de pensar, pues el que se cuestiona, duda y el que duda sufre?
¿Terminaremos en un gran cápsula protegidos del aire fresco?, no sea que nos resfriemos, ¿de la primavera?, la rinitis nos tortura, ¿de los rayos de sol? ¡Ya todos saben del cáncer que procura! ¿Terminaremos controlados por cámaras en nuestras habitaciones que vigilen nuestros besos? Ya se sabe de los millones de gérmenes que se trasladan de boca a boca; y sin duda que los besos son la puerta para otros peligros mayores, drogas más peligrosas, deseos más incontrolables.
Ya tenemos papeles que registran nuestro paso por los puentes, bases de datos que saben donde estuvimos, cuanto gastamos, donde compramos. Registros de con quien nos acostamos. Tenemos otros que dicen lo que nos gusta, perfiles de consumidor, historias clínicas donde constan nuestros talones de Aquiles, mensajes de correo que revelan lo que pensamos.
Alguien en algún lugar sabe a qué escuela van nuestros hijos, el nombre de nuestros guardaespaldas, las vacunas que nos faltan. Ya tenemos definiciones para comportamientos desviados, ya podemos internarlos en tratamientos prolongados, podemos limitarles las visitas, en su propia protección, aumentarle las pastillas, que no baile apretado, que no cante muy alto, que no corra muy rápido.
Tenemos cámaras que saben si fuimos al estadio, si gritamos los goles con suficiente entusiasmo. Rankings que nos mandan lo que será televisado. Contadores de visitas y cookies espiando, lo que tecleamos.
Lo único que nos falta para ser verdaderamente libres, es un bonito certificado, de defunción, colgando del marco.
¿Cómo había empezado todo? Ah, con un cinturón y un casco.
sábado, enero 17, 2009
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